Cómo la tecnología está consiguiendo que dejemos de mirarnos a los ojos

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Un día, Pat Christen tuvo una inquietante llamada de atención sobre las consecuencias que estaba teniendo la tecnología para su vida y su familia.

“Me di cuenta hace varios años de que había dejado de mirar a mis hijos a los ojos”, contó hace unos días la presidenta y directora ejecutiva de HopeLab en una mesa redonda organizada por The Huffington Post dentro de la Ad Week. “Y me estremeció”.

Aquel momento de la verdad fue alarmante para Christen, pero es más habitual de lo que podríamos pensar, y revela una consecuencia general y poco mencionada del exceso de tiempo ante una pantalla. Contamos con pruebas suficientes de que cada vez hay menos contacto visual, y de que, a medida que pasamos más tiempo mirando una pantalla, tenemos menos tiempo para mirar a la gente a los ojos; incluidas las personas a las que más queremos.

Entre el tiempo que tenemos la vista puesta en el ordenador durante nuestra jornada laboral y el número de veces que miramos nuestros móviles, es evidente que pasamos más tiempo que nunca pegados a una pantalla. Según varios estudios recientes, el estadounidense medio pasa más de cinco horas diarias utilizando dispositivos digitales, desde ordenadores hasta teléfonos móviles y tabletas (el número de horas es mayor, por supuesto, en quienes trabajan delante de una pantalla todo el día), y otras cuatro horas y media viendo televisión. Además, el usuario corriente de móvil comprueba su teléfono 150 veces al día (es decir, cada seis minutos y medio), y otro estudio ha llegado a la conclusión de que los jóvenes británicos pasan más tiempo al día utilizando el móvil que con sus parejas (119 minutos frente a 97 minutos).

Un artículo publicado en mayo en The Wall Street Journal, “Just Look Me In The Eye Already” (Mírame a los ojos de una vez) explicaba el efecto que tiene el uso de la tecnología en nuestro contacto visual y el gran coste que la disminución de ese contacto visual durante las conversaciones puede suponer para nuestras relaciones.

Según Quantified Impressions, una empresa de análisis de las comunicaciones con sede en Texas, un adulto, en una conversación normal, establece contacto visual entre el 30 y el 60% del tiempo, pero la conexión emocional surge cuando se hace contacto visual durante el 60-70%. Es decir, cuanto menos se mira a los ojos, menos se conecta.

El hecho de que cada vez se hagan más cosas simultáneas con los móviles (por ejemplo, mandar correos durante la cena) y el aumento del teletrabajo (en el que la mayoría de las conversaciones se mantienen por teléfono) han generalizado la experiencia de conversar con poco o ningún contacto visual, dijo al Wall Street Journal Noah Zandan, presidente de Quantified Impressions.

“Demasiadas veces estamos como animales acorralados, pasando la vista a toda velocidad del aparato a la persona y de la persona al aparato”, asegura a The Huffington Post Daniel Sieberg, autor de The Digital Diet: The Four-Step Plan To Break Your Tech Addiction And Regain Balance In Your Life. “El contacto visual puede ser especialmente importante en el mundo actual, con su atención constantemente dividida, y transmite el sentimiento de que la persona con la que estamos nos importa. Tomarse ese tiempo extra siempre que sea posible para tener una relación cara a cara puede ser verdaderamente beneficioso”.

Sin embargo, casi todos nos hemos acostumbrado a conversaciones en las que los dispositivos digitales interrumpen el contacto visual: estamos hablando con un conocido cuya vista está puesta en una pantalla mientras hablamos, una amiga interrumpe la conversación sin levantar los ojos del mensaje que está escribiendo, o uno mismo asiente vagamente a lo que le está contando su hija mientras lee un correo electrónico. Estas actitudes no solo son lo que generaciones anteriores habrían considerado de mala educación, sino que nos están impidiendo conectar de verdad con las personas que nos rodean.

“No se puede establecer un verdadero contacto con una persona que está distraída”, dice Daniel Goleman, autor del libro de próxima publicación Focus, a The Huffington Post. Goleman explica que no mirar a los ojos indica que estamos prestando menos atención a las personas con las que estamos hablando. En muchos casos, las personas más importantes de nuestra vida.

La importancia del contacto visual en las relaciones humanas, tanto en el trabajo como en cualquier otra situación, no puede subestimarse. Según Psychology Today, es “la forma más intensa de comunicación no verbal”. Y según un estudio de la Universidad de Miami, más del 43% de la atención que prestamos a alguien va dirigida a sus ojos. También desempeña un papel fundamental en el desarrollo de las relaciones emocionales.

Unos investigadores de la Universidad de Aberdeen han descubierto que, cuando se presentaba a un grupo de personas fotos de dos rostros casi idénticos en los que la única diferencia era que uno estaba mirando hacia un lado y el otro de frente, estos últimos les parecían a los sujetos del estudio más atractivos y agradables, según informó The Telegraph.

“El contacto visual, aunque sea a través de varios metros de distancia, no es una metáfora”, escriben los psiquiatras Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lannon en A General Theory Of Love. “Cuando miramos a alguien a los ojos, dos sistemas nerviosos logran una yuxtaposición íntima y palpable”.

Este es uno de los principales motivos por los que la disminución de los contactos visuales se ha convertido en materia de preocupación para los padres. Hace poco, el cómico Louis C.K. dijo en el programa de Conan O’Brien que no iba a permitir que sus hijas tuvieran ningún smartphone.

“Creo que son objetos muy peligrosos, sobre todo para los niños”, dijo C.K. “Cuando están hablando por ellos no miran a otras personas, son unas cosas que no dejan crear empatía”.

A muchos padres les preocupa estar transmitiendo a sus hijos su propia obsesión de estar manejando dispositivos mientras hablan y no mirar a los ojos. La bloguera Rachel Marie Martin tuvo una revelación como la de Christen cuando se dio cuenta de lo importante que era para ella que sus hijos la miraran a los ojos.

“No hay nada que le haga ver a otra persona que nos importa mucho que mirarla a los ojos mientras hablamos. Le deja claro que lo que te está diciendo nos interesa de verdad”, escribió hace poco Martin en su blog, en una entrada titulada “20 Things I Will Regret Not Doing With My Kids” (20 cosas que lamentaré no hacer con mis hijos). “Quiero que mis hijos recuerden las ocasiones en las que su madre les miraba a los ojos y sonreía. Y eso, para mí, significa cerrar el ordenador, guardar el móvil, interrumpir mi lista de cosas y dedicarles mi tiempo”.

Como dice Goleman, transmitir de esta forma la atención es crucial para desarrollar unas relaciones sólidas, ya sea entre amigos, colegas o padres e hijos.

“La plena atención”, afirma Goleman, “es una forma de amor”.

FUENTE: huffingtonpost.es

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